Cuando se cae un ídolo: El día que entendí que no todas las personas pueden cuidarme
Llevo meses pensando en lo duro que es perder a alguien que cae de un lugar alto. Porque cuando un ídolo cae, no solo perdemos a la persona tal como la veíamos. También se cae: una referencia, una sensación de seguridad, una historia que nos contábamos, una parte de nuestra identidad. No importa qué tipo de ídolo sea: alguien que admiras en la chamba, un familiar, una amistad, una pareja, una mentora. Alguien a quien admirabas y, de pronto, algo se rompe. Aceptar que no todo vínculo puede ser reparado. Por ahora no puedo hablar abiertamente de personas específicas que me duelen, desafortunadamente, a mis 41 años se han caído muchos ídolos. Solo puedo decir que ha sido un trabajo de años entender que no solo se me cayeron personas: también se me cayeron ideas. La idea de que eran diferentes. La idea de que “nunca harían algo así”. La idea de que podía confiar sin reservas. Hay duelos que no vienen de una muerte, sino de darte cuenta de que ciertas personas —incluso familia...
