No estás exagerando (O cómo aprendimos a dudar de nuestras propias emociones)
¿Cuántas veces te han dicho que estás exagerando? Hoy te quiero contar algo que todavía me pasa. Estoy en una conversación importante. Yo ya estoy incómoda. Hay algo que no me cuadra. Siento esa sensación en el cuerpo —esa mezcla entre tristeza y enojo que todavía no sabes nombrar bien— y cuando intento decirlo… la respuesta es: “Estás exagerando.” “Siempre haces lo mismo.” “No es para tanto.” Hoy es menos frecuente. He trabajado mucho en mí. Pero durante años me pasó lo que muchas conocemos: dejé de confiar en lo que estaba sintiendo. Me iba a mi casa pensando: ¿Será que soy muy intensa? ¿Será que hago drama? ¿Será que tengo que aprender a “relajarme”? Y aquí viene lo fuerte: no era la primera vez que me pasaba. Y probablemente no será la última. Pero sí fue la primera vez que identifiqué el patrón. Porque no siempre nos dicen “estás exagerando” de forma literal. A veces se ve así: — Me cambian el tema cuando intento hablar de algo que me dolió. — Se burlan suavemente de mi em...
