Por favor, fracasa rápido
Mi respuesta fue: “Llega una edad en la que ya sabemos que van a pasar cosas culeras… ¿acaso eso es madurar?”.
No lo dije desde el cinismo, sino desde una claridad nueva. Esa que llega cuando dejas de creer que crecer es evitar el error y empiezas a entender que crecer tiene más que ver con cómo atraviesas lo que no sale como esperabas. Porque —oh sorpresa— van a seguir pasando cosas que no planeabas: proyectos que no se concluyen, enfermedades, muerte, personas sin el mismo nivel de responsabilidad que tú, duelos, mentiras, preocupaciones… seres humanos (suspiro...).
No soy gurú de nada. Las cosas no me salen como espero con bastante frecuencia y, si me conoces o hemos trabajado juntes, tomado un curso o compartido algún espacio, seguro sabes que tampoco digo las cosas como frases motivacionales prefabricadas. Porque lo que digo suele tener matices. Muchos.
Por eso hoy digo esto con toda intención:
Fracasa rápido.
Últimamente, “fracasa rápido” dejó de ser una idea bonita y se volvió una necesidad real. Un mantra.
A mí me enseñaron a evitar, esconder o maquillar mis fracasos. Aprendí —de la tele, de la familia, de la escuela, de la sociedad— que el error habla mal de mí, de mis proyectos, de mi capacidad.
Con el tiempo me he vuelto cada vez mejor en fracasar. Y, de la misma manera, he acompañado a personas, equipos y organizaciones a fracasar rápido, a sacudirse los pedazos rotos y a convertir eso mismo en una fortaleza.
Sin querer queriendo, he aprendido mucho del kintsugi: el arte japonés de reparar cerámica rota con oro, resaltando las grietas en lugar de ocultarlas. No para negar la ruptura, sino para volverla parte hermosa de la historia.
Lo que he visto una y otra vez
He trabajado con personas que prefieren callarse antes que decir algo incómodo. Yo misma fui, durante muchos años, esa persona: en trabajos, amistades, familia, parejas.
He trabajado con equipos que sostienen dinámicas que ya no funcionan por miedo a moverlas. Y con organizaciones que invierten más energía en “no fallar” que en aprender.
En SéComunidad, proyecto que nació en 2021, he aprendido que crecer no es hacerlo todo bien, sino atreverse a intentar, observar, ajustar y volver a intentar. Muchas veces sin garantías, sin tenerlo todo claro y sin sentirte lista.
Fracasar rápido no significa hacerlo mal a propósito. Significa no quedarte paralizada esperando la versión perfecta.
Fracasar rápido es profundamente humano
Fracasar rápido es:
probar una conversación nueva aunque no sepas cómo va a salir
lanzar una idea antes de que esté completamente pulida
pedir ayuda antes de sentirte “suficiente”
aceptar que no todo va a funcionar como imaginabas
En los espacios que facilitamos —con personas de manera individual y con equipos de trabajo— he visto que cuando el error se vuelve permitido, algo se afloja. Aparece la honestidad. Aparece el aprendizaje. Aparece la colaboración real.
Por eso el trabajo que hacemos no va de recetas ni fórmulas, sino de crear espacios seguros donde sea posible intentar sin miedo.
Hace poco tuve una conversación muy linda con alguien a quien agradezco profundamente su retroalimentación. Al iniciar nuestra colaboración le dije que algo que valoro mucho es la honestidad: que me hablara siempre con verdad. Al terminar nuestro tiempo trabajando juntes, me dijo que sentía la libertad de hacerlo.
Recuerdo frases como: “se me hizo tarde porque me quedé dormide”, “estoy nerviose”, “no sé hacerlo”. Hoy pienso que nos dimos permiso de fracasar juntes. Y eso solo fue posible porque había confianza, respeto y lealtad. Construimos un espacio seguro.
También he estado lejos de esos espacios. Lugares donde por opinar me llamaron “la pedera”, donde bufaron cuando puse límites, donde minimizaron mi experiencia y tuve que hacerme chiquita para que alguien más estuviera cómodo.
Durante mucho tiempo pensé: “tengo que aguantar, porque el trabajo honesto es resistir”. Hoy pienso distinto:
Fracasa rápido.
Ve las red flags lo antes posible. Conversa. Intenta cambiarlo. Y si no va a cambiar, muévete. Porque la consecuencia de no hacerlo puede ser grave: violencia, traición, desgaste emocional, salud mental rota, años en un lugar donde no te tratan bonito ni como mereces.
Por favor, fracasa rápido. Toma tus pedazos rotos, usa polvo de oro, resalta las grietas y conviértelas en la parte más hermosa de tu historia.
El momento en el que está SéComunidad hoy
Estoy lista para fracasar, corregir y hacer piezas de arte con SéComunidad.
Ya no es solo una idea ni un proyecto personal. Hoy es un equipo de personas que cree en lo humano como eje de transformación y que sostiene espacios de comunicación, colaboración y liderazgo humano con personas, equipos y organizaciones.
Confiamos en los espacios seguros. Creemos que nuestro acto de amor más grande es ser profundamente humanos. Nombrar lo que incomoda. Cuestionar el “siempre se ha hecho así”. Crear espacios donde ser tú sea un acto radical de empatía.
Hemos crecido poco a poco. En alcance, en aprendizajes y en impacto. Y justo por eso, hoy quiero que el proyecto crezca más.
Eso implica volver a hacer algo incómodo: pedir ayuda.
Si esto resuena contigo
Tal vez estás en un punto parecido:
con una idea que quieres mover
con un equipo que necesita conversar distinto
con ganas de cambiar algo pero sin saber exactamente cómo
O tal vez conoces a alguien, a un equipo o a una organización que esté ahí.
Si este texto te resonó y te dan ganas de conversar sobre lo que podríamos hacer juntas/os, dejo aquí el espacio:
👉 https://calendar.app.google/AhuSRjEFVjtvF6Cw9
Y si solo te llevas una idea, que sea esta:
Fracasar rápido no te quita valor. Te devuelve movimiento.
Raquel Origel Puertas
SéComunidad
www.secomunidad.org
Comentarios