No estás exagerando (O cómo aprendimos a dudar de nuestras propias emociones)

¿Cuántas veces te han dicho que estás exagerando?

Hoy te quiero contar algo que todavía me pasa.

Estoy en una conversación importante.
Yo ya estoy incómoda. Hay algo que no me cuadra.
Siento esa sensación en el cuerpo —esa mezcla entre tristeza y enojo que todavía no sabes nombrar bien— y cuando intento decirlo… la respuesta es:

“Estás exagerando.”
“Siempre haces lo mismo.”
“No es para tanto.”

Hoy es menos frecuente. He trabajado mucho en mí.
Pero durante años me pasó lo que muchas conocemos: dejé de confiar en lo que estaba sintiendo.

Me iba a mi casa pensando:

¿Será que soy muy intensa?
¿Será que hago drama?
¿Será que tengo que aprender a “relajarme”?

Y aquí viene lo fuerte: no era la primera vez que me pasaba. Y probablemente no será la última.

Pero sí fue la primera vez que identifiqué el patrón.

Porque no siempre nos dicen “estás exagerando” de forma literal.

A veces se ve así:

— Me cambian el tema cuando intento hablar de algo que me dolió.
— Se burlan suavemente de mi emoción.
— Me dicen que “todo mundo aguanta eso”.
— Me explican por qué no debería sentir lo que estoy sintiendo.
— Me dicen que soy muy emocional, que seguro estoy hormonal, que me lo estoy tomando personal.

Y poquito a poquito empiezo a dudar de mi propia brújula emocional.

Empiezo a explicar demasiado.
A suavizar mis palabras.
A decir “igual estoy mal, pero…” antes de cualquier límite.
A pedir perdón por llorar.
A pedir perdón por incomodarme.
A pedir perdón por existir emocionalmente.

He estado en relaciones donde terminé creyendo que el problema era mi sensibilidad.
En espacios laborales donde sentir incomodidad parecía falta de profesionalismo. Y ni hablar de nombrarla, porque entonces ya no era la experta: era la conflictiva.
En conversaciones donde preferí callarme para no “hacer grande algo chiquito”.

Pero te quiero decir algo que me hubiera encantado escuchar antes:

Sentir no es exagerar.
Nombrar no es exagerar.
Poner límites no es exagerar.

Exagerar sería inventar algo que no pasó.
Y muchas veces lo que pasó… sí pasó.

Alguien cruzó un límite.
Alguien fue incongruente.
Alguien minimizó tu emoción.
Alguien evitó hacerse responsable de sus palabras o acciones.

Y cuando eso sucede repetidamente, algo se empieza a romper: la confianza en ti.

Empiezas a preguntarle más a la otra persona qué es real que a tu propio cuerpo.
Y eso es peligrosísimo.

Porque tu cuerpo casi nunca miente.

Si algo te apretó el pecho,
si algo te dejó inquieta toda la noche,
si algo te hizo sentir chiquita,

no estás exagerando.
Estás reaccionando a algo que tu sistema nervioso registró como importante.

Ahora, ojo.

Esto no significa que todo lo que sentimos esté perfectamente regulado.
No significa que no tengamos heridas que amplifican ciertas cosas.

Pero trabajar tus heridas no implica invalidarte.
Regularte no implica silenciarte.
Madurar emocionalmente no implica dejar de sentir.

Durante mucho tiempo confundí fortaleza con aguantar.
Confundí amor con adaptarme.
Confundí paz con evitar conversaciones incómodas.

Hasta que entendí que la verdadera paz llega cuando puedes decir:

“Esto me dolió.”
“Esto no me hizo bien.”
“Necesito algo distinto.”

Sin sentir que estás haciendo un escándalo.

Si algo de esto te está moviendo, quiero que te hagas una pregunta honesta:

¿Realmente estás exagerando…
o llevas años siendo invalidada?

Creé la MasterClass “No estás exagerando” porque me cansé de ver mujeres brillantes dudando de su propia percepción. Puedes inscribirte aquí: https://www.secomunidad.org/event-details/masterclass-no-estas-exagerando-estas-tolerando-demasiado

Vamos a hablar de invalidación emocional, gaslighting, límites y responsabilidad afectiva.
Pero, sobre todo, vamos a hablar de cómo volver a confiar en ti.

Porque no, no estás loca.
No eres demasiado.
No eres intensa por sentir.

Tal vez simplemente estás empezando a escucharte.

Y eso incomoda a quien estaba acostumbrado a que te callaras.

Comentarios

Entradas populares